Ajuntament de Sant Andreu de la Barca
21/10/2017 14:13:57
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Sant Andreu de la Barca
Ciutat

Una de les joves de cal Estapé es deia Josefa Archs. La masia de Can Archs és una de les de més renom de Sant Andreu de la Barca.
Una de les joves de cal Estapé es deia Josefa Archs. La masia de Can Archs és una de les de més renom de Sant Andreu de la Barca.

Capítul LXXVIII: El dinero de los Suñols: el castigo de los delincuentes.

Al día siguiente, el expresado cabo a las doce en punto del medio día, en el mismo momento en que José Suñol se sentaba á la mesa para comer, se presentó con la mayor franqueza y sencillez diciendo:
-Vais a tener un convidado, si no os ha de causar molestia.
-Ola, D. José, dijo Suñol, ya sabe V. Que puede disponer.
-Ya lo sé, amigo mío, también sabes que estoy siempre dispuesto a servirte, y hoy mismo vengo a prestarle un servicio importante.
-Usted dirá.
-¿Ya sabes el terrible lance en que se encuentran tus hermanos?...
-Algo sé: pero, señor D. José, ellos tienen la culpa.
-Esto mismo les he dicho yo, ¿no veis como nadie se mete con vuestro hermano José?
-Esto es lo que yo he dicho mil veces.
-Pero vamos al grano: es el caso que como todos los demás cómplices de tus hermanos, han entregado todo el dinero que les había correspondido de los varios robos que han cometido, y tus hermanos no han entregado un cuarto, sucedía que el fiscal instaba más y más contra ellos, porque, decía que imposible que no tuvieran el dinero robado.
Conociendo, pues, tus hermanos, que de no entregar el dinero sucedería que aún la pagarían más cara, me llamaron a mí, y confidencialmente me dijeron que ellos me dirían en poder de quien estaba su dinero, con tal que yo jurase que nada le sucedería a dicho sujeto.
Yo lo he jurado, y entonces me han dicho que tú eres el que se lo guardabas y que viniese yo mismo a buscarlo en su nombre.
-Es falso: yo no tengo nada...
-Vamos, no seas tonto: ellos mismos lo han dicho ¿qué sacarás con tus negativas?
-Digo, D. José, que yo no tengo un cuarto.
-Eres muy tonto: ¿no es de tus hermanos este dinero? ¿No te lo piden ellos mismos? Si no estuvieses presos y te lo pidiesen ¿no se lo entregarías? Pues bien: hazlo ahora y con tanta más razón, cuanto de ello depende tal vez la vida de tus hermanos.
-Pero ellos mienten, porqué a mí nada me han entregado.
-Te diré que eres un mal hermano. ¡Qué diferencia de ellos! Por temor de comprometerte han callado hasta ahora, y los dejarás morir por no entregarles lo que en ti depositaron.
-Repito que yo no sé de que me hablan.
-Obstinado eres pero, cuidado que tu obstinación te causará amargas lágrimas.
Ya que quieres ser tan terco, yo registraré tu casa, del modo que ya sabes que lo practicamos los mozos: yo encontraré el dinero, porque sé de cierto que lo tienes, y si esto sucede, después en vano apelarás a mi compasión.
Preso y atado te llevaré a Barcelona, y allí te entregaré a la comisión militar que está juzgando a tus hermanos y la pagarás como ellos.
¿Qué contestas? Mira que esos momentos preciosos... Dilo, pues, de una vez.
-Que no se nada.
-Pues voy a verlo.
-Usted no puede sin el alcalde.
-Sé conoce que lo entiendes.
-Como que ya sabe usted que he sido alcalde.
-Pero también sabes que yo lo entiendo.
Diciendo esto hizo una seña con su pañuelo y un momento después entró el alcalde con cuatro mozos.
Antes de comenzar el registro, el cabo hizo el último esfuerzo para que Suñol confesase. Pero todo fue vano.
El cabo con su mirada perspicaz y experimentada, había conocido que realmente José Suñol tenía el dinero de sus hermanos. ¿Pero en donde? He ahí la gran dificultad que se debía resolver.
Todo lo tenían ya registrado tres horas después. Habían revuelto la casa de arriba abajo. Pero todo había sido inútil.
Estaban en el desván ya en disposición de retirarse, cuando al astuto cabo le pareció notar que la tapia de una de las paredes, había sido un poco removida.
Se encaramó como pudo y comenzó a observar la tapia.
Realmente allí en un hueco practicado en medio de la tapia, se encontró el dinero buscado.
José Suñol, pálido y abatido, se arrodilló a los pies del cabo; pero este le dijo:
-Es tarde: ahora debes venir preso.
El capital subía a unas cincuenta onzas.
Enseguida se pusieron en marcha hacía Barcelona. Al entrar el cabo en el despacho del Excmo. Sr. Capitán General, estaba este hablando con unos sujetos al parecer franceses.
El cabo dio su relación delante de aquellos caballeros, y al concluir, el general exclamó lleno de gozo y orgullo:
-Díganme ustedes, ¿puede haber en Francia una policía más activa y astuta para descubrir malvados de lo que lo es la de nuestras escuadras?
Entretanto el proceso criminal contra los Estapés y sus cómplices seguía sus trámites ante la comisión militar.
Sus enormes delitos pedían venganza y castigo. Este no se hizo esperar.
Los hermanos Estapés fueron condenados a la última pena, y este suplicio se verificó en San Andrés de Palomar enfrente de la casa de los reos.
Eulalia, una de sus hermanas, fue condenada a galeras, y en cuanto a sus padres y a la otra hermana, presos también, fueron puestos más tarde en libertad.
De los demás presos, diez fueron condenados también a la pena capital y efectuados en los afueras de la ciudadela de Barcelona.
Tal fue el fin sangriento de aquellos criminales.
Tal fue el dolor y el sufrimiento de los ancianos padres de los Estapé, quienes vieron perecer a todos sus hijos en manos del verdugo. Por esto hemos puesto por epígrafe de esta historia, una familia de bandidos y ajusticiados.
Si buscamos la verdadera, y tal vez única causa de tan terribles desgracias, la hallaremos formulada en estas palabras: querían todos ser ricos en poco tiempo y menos trabajo.
Es una de las enfermedades que más dominan en nuestra época y que causa más estragos.
Solo así se explica el porqué en nuestros días resultan complicados en los robos más escandalosos personas que, ni por su posición ni por su fortuna, podía sospecharse que tuviesen parte en acciones tan bajas como criminales.
Los mismos Estapés son un ejemplo evidente de esta triste verdad. Ellos pertenecían a una casa decente y medianamente acomodada.
¿Cómo pues, llegaron a ser los jefes de una cuadrilla de ladrones y asesinos? ¿Cuál fue el móvil que les impulsó a cometer crímenes tan obsecrables?
La ambición del dinero, esa calentura del oro que devora a la sociedad actual. Como el si el oro pudiera hacernos felices, como si no sirviese de mayor pena siempre que es adquirido por los medios reprobados por las leyes divinas y humanas.
La verdadera felicidad consiste en una conciencia tranquila.
El delito trae siempre consigo el castigo, aún en esta miserable tierra en que vivimos. LA HISTORIA DE LAS ESCUADRAS en un ejemplo continuado de esta verdad.
Los padres de los Estapés pagaron tal vez su descuido en no haber procurado saber de donde sacaban sus hijos las riquezas que tan sin trabajo adquirían todos los días.
Por lo demás, sus cuatro hijos fueron al suplicio tristes y abatidos, pero compungidos y resignados.
La despedida que medió entre los miembros de aquella desgracia de familia, fue de las más tristes y desgarradoras.
Aquella desdichada madre solo a la fuerza pudo ser arrancada de los brazos de sus cuatro hijos, quienes fuertes, robustos y en la flor de su edad, debían morir en un suplicio afrentoso, junto a la puerta de la misma casa en que habían nacido y sido educados.
Finalmente, después de haber explicado el celo, actividad y astucia que empleó el cabo de Arbós D. José Antonio Vidal, para descubrir a los autores de tantos crímenes, todo el elogio que podríamos hacer del comandante actual de las Escuadras, sería pálido y desfigurado.
Los hechos dicen siempre más que las palabras.

José Ortega y Espinós: Historia de las Escuadras de Cataluña (1859). Pàgs.: 607-622.

José Antoni Vidal, comandant dels Mossos d'Esquadra (1860).
José Antoni Vidal, comandant dels Mossos d'Esquadra (1860).
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