Ajuntament de Sant Andreu de la Barca
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Sant Andreu de la Barca
Ciutat

A Can Canals, Sàbat mató a los propietarios, atandolos a una silla cerca del fuego.
A Can Canals, Sàbat mató a los propietarios, atandolos a una silla cerca del fuego.

El Sàbat

Sobre Josep Sàbat, un bandolero de Sant Andreu de la Barca, se ha tejido una leyenda que se liga con la cruz del cuello de Fossalva.

Josep M. Soria explica así en el artículo "Leyendas de Sant Andreu" del libro de Ezquiel Gort Historia de Sant Andreu de la Barca (1989):

El Sàbat
Decíamos, al empezar este capítulo que, normalmente, las leyendas del pueblos arrancan en hechos reales que el tiempo se ha cuidado de ir deformando. Estas deformaciones van adquiriendo, en el recorrido comunicativo y oral, aspectos míticos. Así es como las chicas se convierten en bellezas y los delincuentes en héroes. También tiene que ver a literatura romántica del XIX, en la que el bandolerismo se convirtió en un alud de héroes y buenas personas.

Este es el caso, también, de Josep Sàbat, del que ya se ha hablado en estas páginas. Cómo se a sabido, el Sàbat fue un delincuente muy notable que, inculpado de veintinueve asesinatos, fue condenado y ejecutado. El Sàbat vivió a caballo de los siglos KVIII y XIX y actuó en los términos de Sant Andreu y Corbera, todavía que también fue acusado y condenado por crímenes cometidos a la provincia de Tarragona.

Sobre la historia de este personaje hay mucho aunque estudiar y quizás muy pronto se sabrá mucho más. El de Sàbat es un apellido corriente. Se lo puede encontrar en Sant Cugat, Rubí, Terrassa y Sant Andreu, todavía hoy. A Sant Andreu lo encontramos ya en un dintell de madera de la calle de la Font, correspondiendo a Bertomeu Sàbat (1768). El Sàbat bandolero era hijo de Sant Andreu y vivía en una casa situada donde hoy hay el hogar de abuelos de La Caixa.

Según parece, era corredor de betas e hilos y un hombre que le gustaba mucho charlar. Por su trabajo, el vecinos le franqueaban tranquilamente la puerta de las casas hasta que se empezó a sospechar de sus crímenes. A la masía de Can Moriscot había -matado dos mujeres y tres criaturas. A Can Canals mató a los propietarios del cortijo,atandolos a una silla en el borde del fuego. Del mismo modo asesinó el amo de Can Palet, después de reventar las quince botas de vino que bajaba hasta la riera. Precisamente el hijo de Can Palet, entonces alcalde de Corbera, movilizó el somateniente,  y detuvieron el Sàbat que se había escondido a la masía de Can Xandri.

Lo ataron al lomo de un asno y se lo llevaron hacia Corbera. El Josepò Julià explicaba que él había estado a la partida del somateniente que fue a buscar al Sàbat. [ decía que, una vez encima del asno, el Sàbat le decía: "*Josepó, aflójame la pierna" y que el Josepò todavía le estrechaba más.

El bandolero fue juzgado por un tribunal militar en Barcelona. Fue condenado a muerte, según el presidente del tribunal, "por tus veintiocho asesinatos", contestando el Sàbat: "No, veintinueve". Según las costumbres de la época, el delincuente fue ejecutado descuartizado y cada parte de su cuerpo fue traído a los lugares donde había cometido sus crímenes. La cabeza y las manos fueron entregados a Sant Andreu, puestos dentro de una jaula y colgados en un árbol, en el lugar conocido como el Cuello de Fossalba, lugar desde donde se ve las masías de Can Canals y Can Palet. Este macabro colgante estuvo expuesto durante bastantes años, hasta que algún buen vecino lo enterró, dando por acabada una historia muy trágica.

Pero de ser un delincuente responsable de crueles crímenes, el Sàbat, quizás muere de la forma mas romántica que decíamos más arriba, pasó a ser un héroe lleno de sentimientos humanos. Así, se ha oido explicar que el Sàbat era un bandolero que vivía de asaltar los correos y de alguna que otra gallina y conejo que mangaba a los cortijos. La leyenda quiso que el Sàbat se enamorara de una chica de Sant Andreu, que conoció cuando iba a traer la comida a los hombres que trabajaban a la viña. De buen comienzo, la chica se resistió a hacer conocimiento de quién era tildado de delincuente, pero, el Sàbat preservará y, dotado como era de belleza y simpatía, pronto la chica acabó cediendo a los impulsos amorosos del embóscate. Empezó entonces una relación llena de pasión. Fue después de que la gente del pueblo sospechó de la enamorada. Y un día la siguió un grupo de hombres y descubrieron el escondrijo del Sàbat.

Todavía hay otra versión, todavía más romántica, que dice que el enamoramiento fue tan grande que el Sàbat decidió de poner fin a sus entuertos. Y que anunció, incluso, que el día de la fiesta mayor bajaría a la iglesia a  hacer confesión pública de sus pecados, para hacerse perdonar y poder casarse con la enamorada chica. Pero el padre de la chica, enterado de las relacionas de su hija con el bandolero, un día la siguió y mató al pretendiete, le cortó la cabeza, y el poner dentro de una jaula al Cuello de Fossalba.
 

Creu de Fossalba (Gort, 1989)
Creu de Fossalba (Gort, 1989)

La cruz del Sàbat
Por cierto que, desde hace tiempo aquella paraje también se le ha conocido como el Cuello del Sàbat y la Cruz del Sàbat. De hecho, se dice Fossalba porque había unos cementerios romanos a la vertiente de amanecer. De aquí el nombre de Fossalba, por la contracción. Pero, como se es muy sabido, la toponimia es muy dinámica y cambiante. Por otro lado, de Fossalba a Sàbat hay poco camino. Además, tratándose de una collada, y teniendo en cuenta el trágico destino de la cabeza del Sàbat, el camino es todavía más corto.

Durante mucho tiempo, aquel cruce de caminos de la collada mencionada infundió mucho respecto a la gente que iba de Sant Andreu en Corbera o el revés. La muchacha del Cal Det, que era la encargada de llevar la comida a los hombres que trabajaban al campo, se negó a pasar por aquel cuello mientras hubiera colgada la jaula. El macabro colgante, con el viento, se movía y gañía, y la gente decía que eran los gemidos del Sàbat.

Inclús mucho de años después, una vez enterrados los restos de aquel desgraciado, se va colocar una cruz de término. Fue entonces cuando se empezó a decir de aquel lugar la Cruz del Sàbat, que es como muchos lo conocen hoy. Bien, esta cruz, de latón, el tiempo la fue enmoheciendo y se agujereó. Tratándose de una collada, es lógico que sea un lugar muy mencionado. Al pasar las corrientes de aire por el tubo oxidado, emiten un sonido aflautado que se percibe desde mucho antes de llegar a la cruz. Y la gente, asusta a los niños diciéndole que son los aullidos del Sàbat, que pena sus culpas al infierno.

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