
Sant Andreu de la Barca, situado en unas fértiles tierras de la cubeta de la orilla derecha del Baix Llobregat, rodeadas a sur y a ponente por el macizo del Ordal, bien orientadas y de pendientes suaves, atravesadas por rieras y torrentes y sin que carezcan las fuentes, difícilmente podía escaparse de una ocupación humana y, por lo tanto, del trabajo de sus tierras de manera constante a través de los siglos.
En este sentido hace falta interpretar la existencia de restos ibéricos (hallazgos en la capilla de Santa Madrona, en el Palau) y romanas (villa romana de Santa Madrona del Palau y el yacimiento de Can Puigbó) en diferentes lugares del municipio.
El yacimiento de Can Puigbó tiene una cierta importancia: se trata de más de 50 sepulcros del siglo IV después de Cristo, que coinciden con la desintegración del mundo romano.

